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Sunday, July 24, 2011

Charlando con Paula Femenía


- Volví, estaba preparando un trago, jajaja.
- ¿Licor?
- Ron, como lo que toma Jack Sparrow.
- Sí, acá también se toma ron. ¿Por qué tomás? ¿Tomás siempre?
- No sé. Compramos con mi hermano, ahora viene una amiga y nos ponemos todos felices.
- ¿Ponerse feliz es tomar licor?
- Síííí, jajaja. Ron.
- ¿La felicidad de tu vida se resume en tomar licor, drogarte?
- No, no soy alcohólica ni drogadicta.
- ¿Qué es la felicidad para vos? ¿En qué momentos se representa?
- La felicidad son pequeños momentos de la vida en donde no hay nada malo en tu cabeza. Es cuando reís y no pensás en nada más que eso que te causó gracia. Pero dura poquito.
- ¿Y eso sólo ves cuando tomás licor?
- Nooo, jajajajajaja. Es una forma de decir, porque cuando tomás todo te causa risa y lo malo es como que no le das mucha importancia, pero es una felicidad falsa.
- Ok, o sea que no es la felicidad.
- No, es falsa.
- O sea que no serás feliz por tomar ron, según lo que decís.
- No, voy a estar alegre porque voy a estar bajo los efectos del alcohol.
- Pero me dijiste que no es real, es sólo un efecto pero pasajero.
- Jajajaja, sí. Es alegría falsa, pero en fin es alegría.
- Si es falsa no es alegría. De hecho podría ser tristeza. La risa en ocasiones es la más clara muestra de vacío.
- Bueno, pero me río. Basta… me gusta el alcohol.
- Eso veo, lo defendés como a tu madre.
- A mi mamá no la defiendo, jajajajaja.
- Por eso, reemplazaste tu figura de madre por otras cosas.
- No me psicoanalicés. Ahora cuando esté alcoholizada te hablo y me contás qué te dije.

Sunday, June 05, 2011

No hables para que el encanto viva

¿Qué tienes? No podría describirlo sin conocerte. Quizás ese sea el encanto que encierras: a veces lo conocido se vuelve predecible y carente del imán que tú posees ante mis ojos. Tus ojos alcanzan a expresar más que las palabras que nunca he oído de ti; la expresión no se mide por el número de citas verbales que alguien diga, que, en múltiples ocasiones, producen un ruido que aturde el alma.

Tus ojos pueden romper esa barrera: no hace falta que pronuncies palabra para dejar en el aire la idea de tu ser.No me importaría tomar el riesgo de conocerte y comprobar que mi intuición sigue acertando en sus apreciaciones.

Wednesday, June 01, 2011

El triunfo también es "pasajero"

Un nuevo bus de la victoria pasó a recoger pasajeros, por más que estuviera lleno. Ella, la última en montarse, no tiene idea de cómo se llaman los jugadores de ese equipo por el que siente pasión excepto del que más escucha en los medios de comunicación. Sólo sabe que juegan bien: bueno, eso cree, porque nunca ha visto ni un partido completo en su vida. Ok, seamos claros: la chica no tiene idea de fútbol y nunca ha ido al estadio; no sabe las posiciones dentro de una cancha, pues ni ve la liga colombiana por televisión; no conoce de estrategias ni módulos tácticos; ni tiene elementos para juzgar como bueno o malo, técnicamente hablando, a un futbolista. Sólo sabe que el Barcelona es el ganador y es al que hay que unirse, por eso ya se montó en el bus de la victoria.

Yo la vi gritar, con una euforia que no he visto ni en el más afiebrado seguidor del equipo culé. La leí, leí cada línea en sus status de facebook de esta semana: “Messi es el más grande”, con una convicción que hasta haría ver gigante en estatura al argentino. Si no supiera que desconoce hasta la nacionalidad de Lionel pensaría que se trataba de una expresión al aire posterior a un análisis medianamente profundo. Pero no, ella no había visto ningún partido de Lio, hasta la final de la Champions 2011 ante el Manchester United. Cuando escribía y cuando gritaba no tenía idea de que la zurda es la pierna más hábil de Messi y, aunque no lo he hablado con ella luego del partido, estoy casi seguro de que sigue sin saberlo. Hoy lo vio en la final, pero no sé qué tanto haya aprendido en 90 minutos sobre perfiles.

¿Y qué se puede decir de él? Pues, sencillamente que siente como propios los triunfos de once seres que jamás lo determinarán y hasta considera tener motivos de sobra para burlarse del derrotado, como si el ganar de ellos lo hiciera más grande a él y como si ganar fuera el único verbo que ese conjunto conjugara en su historia. Tal vez, supongo, no sabe que “su” equipo apenas probó el triunfo europeo en 1992. Sí, no ha ganado siempre y, obviamente, sus triunfos finalizarán cuando él aún viva para observarlo.

Probablemente, pienso, tiene la convicción de que hay ganadores eternos. Si ya lo sabe le refresco la memoria, o puede estar muy joven como para haber disfrutado de otros tiempos de buen fútbol, representado en otros actores uniformados de forma distinta a los actuales astros: entre muchos otros carros con pasajeros, ese Milan de finales de los 80 y los 90, ese mismo equipo que superó ampliamente al propio Barcelona por cuatro goles a cero, con goles de Daniele Massaro (2), Dejan Savicevic y Marcel Desailly en la final de la temporada 94/95. Claro, eran otros artistas admirados por los pasajeros de otro bus: parte de la dinámica histórica que cambia de vías sin freno y que nutre al fuerte negocio de lo masificado.

Ella y él, juntos o cada cual por su lado, se mostrarán orgullosos de tener un puesto dentro del tumulto: algo similar a la tendencia de buscar “ser distinto” y terminar pareciéndose a casi todos, claramente viable si muchos se ponen de acuerdo en que tienen que ser distintos.

Otros buses aguardan en el paradero del futuro y no es necesario tener dones de prestigiditador para prever que nuevos pasajeros harán fila para ingresar. Aunque esos vehículos tienen una ventaja: no te excluyen así ignores por qué estás ahí.